No sé, si soy hermana,
hija o amiga de la luna.
Solo sé,
Que me enteré de su bondad hacia mi, apenas hace ocho años
Desde entonces, comprendí, que mi rechazo hacia ella, me había impedido disfrutar de su sapiencia,
Si, porque les cuento que ella se me presento a los doce años, su llegada, estuvo acompañada de fuertes dolores y espasmos, desde ese entonces la rechacé.
Siempre fue puntual, cada 28 días aparecía, y se instalaba por siete largos días, para mí, toda una semana de obstinación.
La trataba muy mal, deseaba, que se largara de mi vida
Ame cuando me embaracé, porque se desaparecio como por tres años…
Un día, se me apareció un Quijote y me presento un libro, la mujer y la luna, en él, se trataba sobre la especial relación de la mujer, su ciclo menstrual y la luna, lo leí con mucha curiosidad, y a la vez duda, me indicaba en alguna de sus reflexiones, que la lunita se manifestaba de forma distinta, que había que darse cuenta, de su comportamiento, y hasta sugería una especie de hoja de observación, que permitiría reconocerla como la que guía nuestro ser femenino…
Dije, porque no, voy a estar atenta a ver si es cierto que ella es distinta, porque yo siento lo mismo siempre…
Y fíjense, descubrí que lo que la autora decía, era real.
Entendí que la lunita en ciclo nuevo o luna negra, era el más profuso, me sumergía en un lago vinotinto que era incontenible de detener, pero de dolores menos intenso
Mientras, que en el ciclo menguante, los dolores habitaban las caderas como parturienta, eso me mantenía tumbada bajo efectos de algún calmante…
La creciente me arropaba el pecho, como colcha de invierno estacional, y aunque siempre se quedaba los días pautado, mantenía su cauce tolerable, me permitía realizar labores cotidianas sin incomodidad.
Pero en Plenilunio, me aturdía la cabeza, con dolores extraños, no era tan dolorosa, ni tan acuosa.
Así, comencé a conocerla, y a comprender porque siendo tan puntual, y aparentemente igual, siempre era tan distinta, conocí sus ciclos tan al pelo, que me preparaba para recibirla como a una visitante especial, y más nunca, le desee que se fuera…
Sin embargo, hace unos cuatro años, se despidió, no sin antes ofrecer disculpas por su obligada e incomprendida presencia en mi vida.
No sin antes, agradecerme por comprenderla durante los últimos cuatro años… que valoraba mi esfuerzo en recuperar el tiempo que la ignoré.
También me dijo, si siempre te guiabas conmigo para la siembra, como no te dabas cuenta, que cuando brotaba de ti, no me reconocías
Y yo, ¿Cómo que brotabas de mi, acaso no me visitabas?, y ella con su pícara sonrisa me dijo al oído, yo no visito, yo hábito en cada vientre de Mujer, ese es mi secreto.
Solo te pido, que lo cuentes a tus hijas o tus hembras cercanas, porque ya no soporto tanta maldición en mi espalda …
15/12/2024